domingo 20 de diciembre de 2009


una foto de la última obra de teatro.

El poeta y el sepulturero.

de : Eduardo Rovner

Gracias a todos los que fueron.

Siempre es maravilloso.

No todo es el fin

Tengo esa costumbre que no sé de dónde surgió, de escribirles la fecha a cada libro que compro; incluso a veces escribo el lugar donde lo compré. Hoy, compré en una feria, por dos pesos, "El doble" de Fedor Dostoievski. No pude empezar a leerlo en el colectivo, como suelo hacerlo, porque la señora que estaba sentada atrás de mí no dejaba de hablar. También porque mi estado de ánimo decayó ayer un poco, y la verdad es que no me podía concentrar... Ayer hable con Ana, mi mamá, por teléfono me dijo que algo no andaba bien con la abuela. En seguida, como por esos impulsos que no se pueden controlar, le llamé a la abuela a su casa. No me importó la llamada de larga distancia, me importó saber que pese a distancias tan largas, siempre hay alguien que te puede contener. Escuché a la abuela sorprenderse con mi voz. Me dijo que me extrañaba mucho, que cómo estaba, que me cuidara mucho siempre... después yo dije que todo iba a estar bien, que siempre las cosas encuentran su acomodo, que el destino siempre tiene la razón. no le hablé del problema que me había contado mi mamá, le hablé con palabras que quizá te ayudan cuando crees que no hay motivos suficientes para estar bien. Sin darme cuenta empecé a llorar´, con el teléfono y la voz de la abuela al otro lado. Sentí impotencia, quiero matar a quien le hizo daño y también maldecir la maldita circunstancia. Colgué el teléfono, putée mil veces y después lloré. Al final de todo, he comprendido ya de tantos tropezones, que es bueno llorar y explotar contra todo, pero hay que tomarse un momento para respirar y repensar las cosas con calma. Pensé que en verdad todo va a estar bien. Que mi abuela es una mujer increíble y esto no tiene que ser un obstáculo tan grande, ni tan poderoso para no poder salir.
Me acordé cuando era niña, me preocupaba el fin del mundo, y yo le hice la pregunta... abue, cuando el mundo se acabe, ¿dónde vamos a estar?... sólo se rió, como a quien le cuentan un chiste. Me dijo que quién sabe, pero que en algún lugar bonito estaremos. Así se lo diré ahora. Abue, después de esto, del que crees que es el fin del mundo, ya va a pasar y entonces, en algún lugar bonito vas a estar...
Hoy que compré el libro, volviendo al tema del principio, no sólo le escribí la fecha y el lugar, le escribí algo, una palabra para mí, que contiene y ayuda. creo que siempre se necesita.
"todavía hay cosas que no las puedo entender, pero lo peor, ya es pasado"

jueves 10 de diciembre de 2009


Bueno, la verdad es que sí, me colgué y no había subido acá una foto (imagen), muy importante para mí. Lo que pasó fue que... bueno, es muy largo todo lo que pasó. A resumidaS cuentas: primero, los parciales, después, ir a la comisaría a demandar a una loca que se la pasó amenazándome por cuestiones que no vale la pena mencionar, aunque considerándola una anécdota para cagarse de risa, quizá después lo escriba por acá. Y finalmente los ensayos en el teatro. Ahora bien... la foto es la portada del libro: Después del derrumbe, una antología que compiló Fernando Lobo. Los doce chavos que estamos incluidos en el libro fuimos alumnos de narrativa de la biblioteca Andrés Henestrosa. Y fuimos "los elegidos" ja, por Fernando.
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Mi cuento se llama "un cuarto para jugar"... y está chido, la neta.
Tienen que leerlo, porque quizá, si no les gusta, sea lo único que escriba en mi vida.
Dejo aquí, una parte del prólogo

La XXIX Feria Internacional del Libro de Oaxaca presenta:

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Editorial Almadía.

"Apenas balbuceaban cuando el muro de Berlín se caía en pedazos (pedazos que ahora se encuentran a la venta como souvenirs), pero cuando las torres gemelas se desplomaron, ellos se estaban poniendo el uniforme para ir a la escuela".
En la zona cero de Nueva York construirán un megalómano centro comercial, y estos noveles escritores, desde Oaxaca (rancho y metrópolis, ciudad de revueltas, saturada de paradojas y fronteras simbólicas), escriben historias inmersos en un singular realismo posterior a cualquier colapso.
"… Resulta notoria la frialdad, cierta distancia maliciosa con los personajes, algo que he terminado por entender como una total falta de respeto a las catástrofes. Me atrevo a pensar que estos chicos han presenciado demasiados derrumbes, y comienzan a desconfiar del espectáculo. Están dudando de nuestro sino trágico".
www.almadia.com.mx / www.vivelalectura.com.mx
GRACIAS

martes 8 de diciembre de 2009

Vicisitudes de la locura femenina

Siempre, como una ley infalible, la primera vez duele. Es una sensación rara, todavía me pregunto por qué fui y sé por qué no iré nunca más. Si un hombre jamás me quiere tocar las piernas porque están peludas, no me importa. Tenía que ir por una cuestión de comodidad, y por qué no, de orgullo femenino. ¡Cómo yo a mi edad nunca me había depilado con cera! Antes de ir, se especulaban muchas cosas, como que la primera vez duele mucho pero después te acostumbras. Así que quise salir de dudas. Estaban las señoras en la sala de espera, la gorda tenía la revista de salud y dieta; la fea, tenía la de belleza y bienestar; y una de setenta y tantos años hojeaba una revista de sexualidad. Paradójico. Me senté al lado de la última. La miré de soslayo, me pregunté, ¿Qué se puede depilar una mujer a esa edad? …Leí el título del artículo que tenía en la mano, “el tamaño ideal del pene”. Se dio cuenta y se sonrojó tanto que dejó la revista. La tomé yo enseguida, empecé a hojearla pero me enfadé pronto. Quería irme y ya, pasar por una tienda y comprarme un paquete de Gillettes. Lo único que quería en el mundo era depilarme las axilas. Me aguanté un rato más mientras veía la lista de precios, y pude darme cuenta por primera vez en mi vida que hay partes “depilables” en el cuerpo humano que no sabía que existían. En mi mente figuraban sólo: piernas, área de bikini, cejas, bigote y axilas. Quizás patillas y brazos, para las mujeres obsesionadas. Descubrí que también hay: cavado, tiro de cola, espalda baja, glúteos, senos y estómago. Corroboré mi teoría, hay mujeres totalmente locas. Me llamaron en ese momento y salió una señora tan flaca que parece que volaría con mi aliento. Me saludó de beso y me dijo que la siguiera. Caminé tras ella por un pasillo todo blanco, como de hospital. Llegamos a un cuarto con camilla, parecía el ambiente muy tranquilo. Había una gran máquina que derretía la cera. Se parecía a las máquinas para hacer tortillas. La diferencia es que a esta le echan trozos grandes de una cosa dura color miel, y sale la cera completamente derretida. Me dijo, linda, ¿qué te vamos a depilar?... Habló en plural, con lo que odio que me hablen en plural. Nada, no quiero que me depile nada; dije en mi interior. Pero ya estaba ahí. Quería sentirme una mujer plena, como dicen pues. Le contesté con una convicción que no poseía, que me depilara sólo las piernas y las axilas. Me miró de cerquísima y me sugirió que mis cejas depiladas se verían bien. No me depilo las cejas, le contesté seriamente. Y seriamente también, me ordenó que me quitara la ropa. Me sentí rara obedeciendo a una extraña en eso de quitarme la ropa. Me acosté sobre la camilla, sentía vergüenza de que me viera en calzones. Al cabo de un par de minutos sentí y miré la cera caliente en mis piernas. La untaba con una espátula grande, y me percaté de la mirada hostil que le echó a mis vellos exageradamente negros. De pronto le dio un tirón a la cera ya fría y sí, ¡la primera vez duele mucho! Me dijo, ahora sí, estas son piernas de mujer. Algo dentro de mí se sentía bien, aunque por fuera me ardía. Me preguntó si quería cavado y tiro de cola. No sé bien qué me provocó no saber de qué estaba hablando, pero tampoco me dieron ánimos de decir que sí. Le pregunté qué cosa era. Me explicó que el tiro de cola es depilar en medio de las nalgas, y cavado, todo el vello púbico. Ahora sí estoy segura, las mujeres están locas, y obviamente yo no. Me pusieron una crema humectante, pagué mi cuenta y me fui. Pasé por una tienda a comprar Gillettes. Lo único que quería en el mundo era depilarme las axilas.

miércoles 2 de diciembre de 2009

Yo quiero ser una chica Almodóvar... pasar de todo y no pasar de moda. Ir por la vida al borde de un ataque de nervios. Con faldas y a lo loco.

viernes 30 de octubre de 2009

lo guardaba en el cajón

candita esto y aquello

Cuando inicié este blog, la única lectora era yo.
después una de mis tías, bajo esos azares que uno no entiende cómo suceden. Es decir, un día llegué y me dice que había leído mi blog. Creo que no me dio alegría porque... qué se yo por qué, de algún modo siento que cuando la familia se mete en terrenos muy personales (dicho sea, un blog), como que algo en mí se fractura. Ja.

Será porque desde niña la familia influyó mucho en mí. Mis padres me tuvieron, también bajo esos azares que uno no entiende cómo suceden! muy chavos, me concibieron en Huatulco, en uno de esos cuartos que mi abuelo rentaba a estudiantes. Nací, crecí y todo ya en la ciudad, viviendo en casa de mis abuelos, con algunas tías que aun estaban solteras. así que cada cosa que yo hacía, buena o mala, alguien se encargaba de comentárselo a mi mamá, ella a su vez, a mi papá, y así. Nunca pude tener una vida muy privada, digamos. cabe mencionar la cantidad harta de problemas que tuve por situaciones de "chismes", hasta que mis padres se desligaron de esa situación y fuimos a vivir aparte.
Después me hice adolescente y mi manera de hablar cambió... muchíiiisimo. entre otras maneras mías. Me puse piercings hasta en el ombligo y empecé con eso que tengo ahora, como cambios de estado de ánimo consecutivos. Peleaba con todos en la familia en aquellas reuniones de domingos, si es que alguien le hacía comentarios a mi mamá respecto a mí.
Candita esto, candita aquello...
Hace un tiempo que fui de visita a mi casa. Cuando los vi a todos, en verdad me dio una alegría enorme. Las tías, con sus ondas distintas cada una, pero yo ya puedo manejarlo de otro modo. Mi tía Martha que es mi favorita, y así va la escala hasta llegar a la tía Socorro, por chismosa siempre. Mi abuela que siempre me dice que me ponga un "saquito" porque se me ve todo. Mi abuelo que dice que quizá si yo vuelvo a casa de mi mamá, pueda convencerla a que regrese con papá, y que yo sea como ese broche de oro que cierre esa relación. cuando me lo dijo me quedé realmente desconcertada. Pensé si era broma lo que me decía, no cabe la posibilidad remota de que mis padres vuelvan a unir sus vidas, eso es historia aparte de mí, y sin embargo, "en mí cabe la posibilidad"...

y por último, aquellos en la familia que dicen que no sé ni lo que quiero. Puede que tengan razón, pero qué se puede esperar de mí, si fui concebida en un cuarto decrépito.